martes, 22 de junio de 2010

DOCTRINA DEL APÓSTOL OTHONIEL RIOS PAREDES (Parte I)

En su famoso mensaje, "Yo vi el Apocalipsis", el hermano Otho afirmaba que los dos últimos y más grandes enemigos de la iglesia serían el legalismo y el ecumenismo, una advertencia que Dios le regalaba, más que a todas las iglesias, a la que el mismo apóstol Ríos cubría.
¿Quién guarda fielmente la doctrina del apóstol Otho? Es una pregunta que muchos se hacen el día de hoy, y creo que es muy dificil contestarla en su totalidad. Lo más sencillo para todos es analizar lo más importante de tal doctrina, precisamente las advertencias dejadas. Hay muchas de éstas, comentemos ahora al legalismo.
Legalismo es fariseismo, esclavitud ante tradiciones y doctrinas de hombres. "No tomes en tus manos, no pruebes, no toques" (Colosenses 2.21), es enseñar bonito y vivir feo; es ser doble cara, actor o "showman"; es fabricarse una imagen con música, conocimiento y títulos, pero sin obediencia; es saber sólo para obtener fama; es enarbolar una doctrina que no cambia y por tanto, que no sirve; es ser ministro grande en persona pequeña; es ser usado pero no ser salvo; es hablar de Cristo para poder robarse Su gloria; es tener como meta los lugares más importantes y los de honor; es consagrarse para un ministerio y no para el que le salvó; es dejar que nos llamen padre, líder o maestro; es recibir a los que se glorían y menospreciar a los que el Señor envía; es predicar Mateo 24 sin vivir el 23; es instruir acerca del fin del mundo sin profundizar en las bases de la gracia; es enseñar doctrinas que no cambian; es no enseñar que el único perfecto es Dios; es hablar mal de todos pero menos de uno; es blanquearnos por fuera sin reconocer que las tormentas nos despintan; es perdonar a los saules y matar a los davides; es usurpar la obra que le corresponde al Espíritu Santo; es tratar de limpiar a las personas de afuera hacia adentro; es juzgar por las apariencias; es pretender honrar a los justos del pasado rebelándonos a sus enseñanzas en el presente; es distraernos con el pecado de los demás; es alimentarnos con las faltas de otros para crecer nosotros; es presumir diciendo "yo nunca hubiera caído en eso"; es no reconocer que todos tenemos algo de Caín, Absalón y Judas; es no perdonar cuando decimos haber sido perdonados.

La mejor manera de honrar a la gracia es obedeciendo.
Othoniel Ríos Paredes

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